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Entrevista: “Las imágenes hoy crean cultura y determinan comportamientos sociales" - M. Braghetto



¿Qué aporte específico has entregado al proyecto?

Soy periodista, profesor y doctorado en Estudios Latinoamericanos, de modo que mi aporte específico va en relación con esas líneas. Tengo un interés particular por la relación entre cine y hábitos relacionales de la juventud. Pienso que hoy en día las imágenes que observamos en las pantallas inculcan inquietudes y deseos en quienes las observan, y motivan una serie de intereses secundarios que toman cuerpo en la vida cotidiana. El cine dialoga con la realidad, y esta alimenta sus pliegues con el cine.



¿Consideras que se estudia poco el cine en Chile? ¿Por qué?

Sí, básicamente por falta de financiamiento. Pienso que es urgente mejorar este aspecto, porque las imágenes hoy crean cultura y determinan comportamientos sociales. Internet, por ejemplo, presenta innumerables contenidos audiovisuales disruptivos y resulta imprescindible atender a ellos a tiempo. De lo contrario, tales contenidos terminan repercutiendo en los hábitos relacionales de las distintas generaciones, sobre todo de los/as jóvenes, de modos insospechados.



¿Cómo valoras el trabajo interdisciplinario del equipo Juventudes?

Muy bien. Ha resultado muy gratificante trabajar tanto con el equipo principal como con quienes se han acercado a este último para realizar sus tesis u otros trabajos afines. Siempre el diálogo interdisciplinario es muy enriquecedor. No creo que resulte posible ser experto en todo, ni que la propia experticia sea una condición infalible, de modo que dejar las puertas abiertas a la sorpresa de las reflexiones ajenas me parece muy prudente y motivante. En el caso de los estudios de cine, el propio campo se está construyendo aceleradamente, de modo que las reflexiones interdisciplinarias suelen ser atractivas e iluminadoras.



¿Qué podría hacer el sistema universitario para fomentar más la investigación acerca de la cultura chilena?

Comprender que la cultura determina los hábitos, los va suscitando entre la población (por supuesto, siempre hay también decisiones personales al respecto). Entonces, las imágenes del ámbito audiovisual inciden en las concepciones de mundo del público, alimentan inquietudes y perspectivas en tal sentido: deseos, en definitiva. Y estos últimos tienen lugar con una velocidad impresionante. Por lo tanto, investigar la cultura chilena puede entregar claves de comprensión acerca de tales agenciamientos específicamente en nuestro país. El sistema universitario tendría que entregar más financiamiento a estas áreas, particularmente para publicar libros, que son el objeto cultural más determinante hasta el día de hoy para comprender la cultura: tienen la extensión suficiente para detenerse en aspectos gravitantes del tema tratado. Un paper, en cambio, resulta ser demasiado conciso, demasiado “apretado” en sus formulaciones, lo que impide justamente dedicar el tiempo necesario a la comprensión de estos problemas. También cabe reconocer que el principal puntal del sistema universitario, para facilitar el financiamiento de la investigación, tendría que ser el Estado. Pues este último está convocado a pensar la sociedad chilena en el largo plazo, más allá de los intereses particulares. Los países con un sistema de investigación robusto llevan la delantera en la cultura y la innovación, con un sector público que promueve tales desarrollos.



¿Puede la educación universitaria chilena fomentar la producción cultural chilena? ¿Cómo?

La educación universitaria chilena sí puede promover y fomentar la producción cultural de nuestro país. En tal sentido, el principal impulso tiene relación con la docencia: en las clases, los/as profesores/as perfectamente pueden incorporar la creación y la gestión cultural, a través de actividades didácticas previamente planificadas en armonía con la visión y misión de cada casa de estudios. Otro impulso posible se encuentra en el ámbito de la investigación: cabe poner atención en las prácticas creativas de la población chilena, particularmente la juventud: ¿Qué música están produciendo y escuchando? ¿Qué imágenes dan vida a su imaginario social? Las eventuales preguntas son numerosas, y pueden nutrir investigaciones iluminadoras a este respecto. Por último, la propia creación de bienes culturales es un área que queda por desarrollar todavía en el mundo universitario chileno: generar más concursos, más talleres interdisciplinarios en cada campus, recuperar la noción tradicional de universidad como espacio abierto al cultivo de todos los saberes es urgente frente al cuestionamiento contemporáneo de la propia institución universitaria como instancia de formación pertinente para el siglo XXI. Ningún otro lugar puede alimentar tanto la voluntad de saber como la universidad: ninguna se le puede comparar como potencia emancipadora. Lo que cabe es cruzar los recursos tradicionales de la universidad -la sala de clases, los seminarios abiertos, etc.- con los nuevos medios digitales. Hacer cursos online extensos, por ejemplo, respecto de estos temas, en detalle, con una meticulosidad que nadie más pueda lograr, simplemente porque el capital cultural que se materializa en la universidad tiene ya siglos de historia.



Marco Braghetto

Doctor en Estudios Latinoamericanos

Co Investigador Proyecto 1201141

 



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