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Masculinidades incómodas: el profesor Maturana y Julito García.

Actualizado: 5 jun

El profesor Maturana es uno de los icónicos personajes de la película “Julio comienza en julio” (1979) del director Silvio Caiozzi, donde su discurso y performance hacen reflexionar sobre otras masculinidades en esta historia de comienzos del siglo XX, en la que observamos el orquestado tránsito hacia la adultez y madurez sexual del pequeño Julito, hijo del terrateniente don Julio García del Castaño, al cumplir 15 años de edad.


Entre las primeras escenas del film, se puede observar la educación personalizada que le tenía don Julio a su hijo, y quien era responsable de ésta, en lo estrictamente académico, era el profesor Maturana – interpretado por José Manuel Salcedo –, quien aparece en escena elevando un tipo de monólogo mientras le traspasaba conocimientos a su alumno. En su discurso, Maturana invita a reflexionar a Julito desde controversias cosmológicas hasta una crítica a lo establecido y normalizado, como son las concepciones de arriba y abajo, norte y sur, el poder y la acumulación del capital, con la siguiente pregunta clave: ¿Qué es el propietario de 100.000 hectáreas del planeta Tierra frente a la inconmensurable vastedad del cosmos y el Universo? Nada. Apenas una minúscula partícula incapaz de conmover a las estrellas. Con estas palabras cierra su escena pedagógica en la que Julito estaba más atento en observar láminas del cuerpo femenino desnudo y de ir a jugar con su amigo que lo espiaba por la ventana de la sala. Maturana se da cuenta de estas faltas a su autoridad y le impone realizar, cuál profesor molesto, un dictado sorpresa de los planetas del Sistema Solar.


Como mencionaba, la película narra el intento, bastante realista, que don Julio tiene con su hijo, para convertirlo no tan solo en un buen heredero y administrador de su propia fortuna, sino que también en un hombre adulto capaz de ejercer autoridad patriarcal a través de la fuerza y el orden, hacia las mujeres, sus trabajadores y entre otros hombres. En este escenario, el profesor Maturana no aporta en la construcción directa de una masculinidad hegemónica y autoritaria, más bien expresa una identidad masculina que se nutre desde la reflexión humanista y la crítica social al observar la realidad del latifundio en el que vive y trabaja. De esta manera, el profesor, conociendo el tránsito natural que un joven como Julito tiene que sortear para convertirse en un verdadero hombre de clase alta para inicios de siglo, no escatima en reproducir sus mensajes y actitudes que se escapan a dicho canon.


Durante el transcurso de las prácticamente dos horas que dura la producción cinematográfica, el personaje de Maturana tiene distintas apariciones que van marcando su propia expulsión. Poco a poco va resistiendo a las bromas, menosprecios y desatención que recibe de su patrón y de otros hombres, por medio de una rebeldía que se escuda con el consumo de alcohol y declamaciones contra la oligarquía, tanto en privado como enfrentándose al propio don Julio a su regreso del supuesto viaje a Europa. En Julito también se evidencian rastros claros de resistencia, y también de su metafórica expulsión; su subjetividad adolescente comulga con el rito de iniciación hacia la adultez que le propone su padre para la celebración de su cumpleaños: bebida, música y excesos, junto con amigos de su padre y prostitutas, son los elementos que componen una noche que pretendía ser clave. Sin embargo, Julito resiste en la medida que su esperada madurez sexual la inicia en sus propios tiempos y no en aquella noche.


Maturana fue un sujeto expulsado de la corriente de masculinidad patriarcal y hegemónica que predominaba en la casona de García del Castaño, pues ahí no existe espacio para las divagaciones intelectuales del profesor. Por otra parte, Julito también fue expulsado, pero bajo las propias consecuencias de sus actos y, claramente, por ser el hijo del patrón; tampoco existe espacio para las inseguridades. Tarde o temprano, Julito tendrá que dejar de galopar para enfrentarse a la realidad pues, a pesar de los intentos por salir y negarse a cumplir con el mandato patriarcal que le corresponde por ser el primogénito, su futuro es inevitable.


Escrito por: José Manzano Pavez



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